El invierno ya llega y nos invade el frío y el ambiente gris y oscuro, pero quiero esperar que la tristeza no nos asalte el ánimo y la luz se encienda con el fuego del amor que duerme en lo profundo, que la vida nos depare alegrías en invierno igual que en el verano, que no enfríe el tiempo las pasiones de las almas.
Dicen por ahí que dedicó a su matador la última lágrima que podía y finalmente, se abrazó a la misma almohada a la que siempre le había contado sus sueños de felicidad y se desangró hasta morir. La puñalada fue mortal, con saña, sin piedad. Sabía que no valía la pena implorar, después de todo, no era más que un cruel juego de amor. Emprendió su viaje tan solita como siempre debió haber estado, llevaba por maletas los ecos de promesas no cumplidas, de tontas ilusiones que nunca debió permitirse tener…..o creer…. y el último suspiro de amor.
El se fue con las manos ensangrentadas, sin culpas, sin remordimientos. Tan insensible al dolor de aquella a quien llamaba “su mujer”. Le espera una buena vida, al fin de cuentas nadie jamás se enteró de su plan maestro y pronto alguien más caerá en su poder, otra más sufrirá al final y otra vez él sonreirá.
Yo conocí a esa mujer, la vi brillar por ese amor, la vi esperar, la vi sufrir y hasta envidié esa forma incondicional de amar. Nunca la entendí, pero envidié su felicidad al compartir aunque más no fuera un segundo con él. No siento pena por ella, sé que dio hasta la vida por ese amor. No le guardo rencor a él, tal vez porque prefiero quedarme con lo hermoso que ella lo veía, lo grande, lo humano, lo amigo. Igual ella hubiese muerto si él se hubiese marchado dejándola atrás. Seguramente al quitarle la vida le hizo un favor. ¿Castigo? No, tampoco deseo que lo castiguen, ¿para que? Si su espejo le recordará quien es y lo que hizo. Cada vez que aquella mujer invada su memoria, el mismo puñal que la mató lo hará sangrar a él. Cuando recuerde su carita sonriente, su voz, su forma de hablar, su ingenuidad de tonta enamorada. Cuando una nueva mujer toque su mano o lo abrace, el sabrá que construyó esta nueva historia sobre una base de lágrimas que alguien más lloró. El castigo vendrá al recordar, porque la memoria tiene esas cosas, le da por venir de vez en cuando a atormentar.
Una mujer murió en el silencio de la soledad. La sobreviven su costado de madre y de amiga que lloran sin cesar a la mujer que ya no está.
A lo lejos resonaba una canción que alguna vez él le dedicó....
Algunas veces en la vida siempre habrá personas que no nos agradan sin conocerlas, por las apariencias.
A veces nos molesta la personalidad de alguien sin conocerla, y la criticamos y juzgamos sin saber como es por dentro, pero uno no puede ser así.
Uno no puede juzgar y dejar de conocer una persona porque sea una persona roquera que se vea así como loca, porque no nos guste su vestimenta o cosas así, porque no sabemos como son por dentro, que es lo verdaderamente importante.
Lo importante de las personas no son sus apariencias.
Lo importante de una persona son sus sentimientos.
Lo que lleva por dentro, que puede ser que de esa persona a la cual criticamos tanto por su forma de vestirse u otros factores, sea de la que más aprendamos.
A veces la personas que mas criticamos y juzgamos son las que mas nos enseñan las cosas de la vida.
Por eso, antes de juzgar a las personas y criticarlas, debemos conocer sus sentimientos.
Porque debemos aprender a aceptar a las personas como son, ya que todos somos diferentes, pero lo único que deberíamos tener igual todos los seres humanos, es dejar de criticar y juzgar tanto, y permitirnos conocer nuevas personas con diferentes costumbres y diferentes estilos de vida.
Me dan asco. Reptiles inmundos que se arrastran babeando. Asco. Narcolepticos adictos a la almohada que se inmolan antes de gritar bien alto. Nauseas me dan. De tener que arrastrarlos. De buscar con los dientes y las uñas conmoverlos y verlos mirarme con sus caras perplejas de asombro, como si, quien suscribe, lo hiciera en Sanscrito.
Las manos se me llenan de cachetadas. Los parpados se transforman en navajas, los labios se me hinchan de petroleo, la lengua se seca y se amordaza.
Y ellos quietos. Obedientes. Silenciosos. Sorprendidos ante la libertad del elegir, elijen el único camino incorrecto. No hacer nada. Uno mientras tanto observa ese blanco, y le hierven los deseos de construir pajaros.
Y ellos nada. Cero. Callan.
Y ahí entonces exploto en llanto. Siento al mundo, un enfermo terminal, con un tumor maligno en el deseo y cuatro sidas en el alma.
Hoy... mas que nunca... elijo ser melanco. Hoy mas que nunca celebro llorar en el banco de una plaza.
Podrían ser cualidades, costumbres, mitos, pero lo que sí, es que cada quién como individuo elige los valores que quiere mostrar ante una sociedad que juzga; porque no mencionarlo, la falta de valores, pero; ¡Quién decide que es los que esta bien o está mal! pero ¿es alguien tan perfecto como para poder juzgar a los demás por sus actos y falta de valores, sin caer en los mismos errores?, creo que la respuesta a estas preguntas es que cada quien cree lo que quiere en la vida y para eso hay opciones.
Hay quienes se basan en los valores humanos, que sólo perseveran buscando la estabilidad y el reconocimiento ante una sociedad que no perdona y sólo tiene memoria para recalcarte tus errores sin ver tus aciertos, que no respeta tu libre albedrío , que sólo enjuicia, dice y trata de lo que esta bien o está mal, sin tomar en cuenta causas y efectos, los valores humanos fallan porque no hay nadie perfecto, ni esa persona en la que tanto confías porque como todo ser humano en algún momento deja todo por nada, falla y comete errores, por lo cual poco a poco va hacia la decadencia, al creer que no hay quien merezca tu ilusa perfección, pero los seres humanos también culpan al otro de sus errores, de su desequilibrio, siendo que el equilibrio es uno mismo; pero no, la sociedad solo juzga y pide cuentas.
Pero también hay quien cree en el valor espiritual, en el que hay un ser supremo que te guía y sabe que existe un destino, en el que hay miedos, pero en el que hay que recorrer los caminos solo con fe, en el que nuestro ser supremo olvida y perdona y respeta nuestro libre albedrío, que entiende nuestras necesidades de ser escuchados y de afecto, el que no modifica sus valores porque todos llevan a una meta. Ese ser supremo en el que se cree pregunta el ¿por qué?, no tiene juicios, tiene preguntas.
Así cada persona tiene los valores que demuestran realmente en sociedad y no de los que algunos se mofan pero en realidad carecen…